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Los carburadores del Vespino: del mítico IRZ a los Dell’Orto

Hablar del Vespino es hablar de uno de los ciclomotores más importantes de la historia del motociclismo español. Durante décadas fue vehículo de diario, compañero de juventud y, para muchos, la primera máquina con la que aprendimos algo de mecánica.

Y si hay una pieza que forma parte inseparable del carácter de su pequeño motor de dos tiempos, esa es el carburador.

A lo largo de la extensa vida comercial del Vespino fueron cambiando motores, encendidos, cilindros y escapes, pero también sus sistemas de alimentación. Los primeros modelos recurrieron a carburadores de fabricación española IRZ, mientras que posteriormente Dell’Orto acabaría convirtiéndose en la referencia en buena parte de las distintas series.

El comienzo: Vespino y los carburadores IRZ

Cuando MotoVespa lanzó el Vespino a finales de los años sesenta, el ciclomotor era un producto eminentemente nacional. Buena parte de sus componentes procedían de fabricantes españoles y el carburador no fue una excepción.

Los primeros Vespino montaron carburadores IRZ, una histórica marca española muy presente en motocicletas y ciclomotores de aquella época. IRZ ya estaba presente en otros carburadores para la casa vespa. Concretamente en la vespa 125N del 56 y del 58, se dejaron de importar carburadores italianos dellorto para darle confianza a esta marca nacional fabricada de origen pucelana.

Quizas fuera ese el motivo por el que Vicente Carranza, creador del vespino, confiara la fabricación del carburador a esta marca. El origen de las siglas IRZ hacen mención al ingeniero industrial Isidro Rodríguez Zarracina fundador de la misma.

En las primeras unidades del vespino encontramos el característico carburador IRZ asociado a su primitivo motor de platinos. Se trata de una pieza especialmente interesante hoy en día porque forma parte de la configuración original de los ejemplares más antiguos.

Su funcionamiento responde al principio clásico de cualquier carburador: el aire aspirado por el motor atraviesa el venturi y provoca la depresión necesaria para arrastrar la gasolina, formando la mezcla de aire y combustible que llegará al cilindro.

Sobre el papel parece sencillo. En la práctica, conseguir que un Vespino antiguo arranque bien en frío, mantenga un ralentí estable y responda correctamente al acelerador depende en gran medida de que su pequeño carburador esté perfectamente limpio y ajustado.

IRZ, una pieza cada vez más apreciada

Durante muchos años estos carburadores fueron simplemente una pieza más del ciclomotor. Hoy la situación es bastante diferente.

Quien restaura un Vespino de primera serie intentando conservar la máxima originalidad sabe que disponer de su carburador IRZ correspondiente tiene un valor especial.

No solamente porque sea funcional, sino porque es uno de esos pequeños detalles que permiten distinguir una restauración fiel de otra en la que se han utilizado componentes de generaciones posteriores.

Con el paso de los años, además, encontrar determinadas piezas interiores, juntas, chiclés o carburadores completos en buen estado puede resultar bastante más complicado que hacerlo para los Dell’Orto posteriores.

Por este motivo, antes de sustituir un IRZ antiguo por otro carburador conviene estudiar si puede recuperarse. Muchas veces una limpieza profunda, juntas nuevas, revisión del flotador y una correcta regulación son suficientes para devolverlo a la vida.

La llegada de Dell’Orto

Con la evolución del Vespino también fueron cambiando sus componentes mecánicos y Dell’Orto fue ganando protagonismo en la alimentación de sus motores.

La firma italiana era —y continúa siendo— uno de los grandes nombres europeos en carburación de motocicletas y ciclomotores. Sus carburadores fueron utilizados por innumerables fabricantes y resultaban especialmente adecuados para pequeños motores de dos tiempos.

En diferentes generaciones de Vespino encontramos carburadores Dell’Orto de la conocida familia SHA, con distintas configuraciones y diámetros dependiendo del modelo y de la época.

Son carburadores extraordinariamente sencillos.

Y precisamente ahí reside buena parte de su éxito.

Pocas piezas, desmontaje sencillo, mantenimiento fácil y una enorme disponibilidad de recambios hicieron del Dell’Orto un compañero perfecto para el motor del Vespino.

El Dell’Orto SHA: sencillez mecánica

El Dell’Orto SHA es probablemente uno de los carburadores que más aficionados identifican inmediatamente con los ciclomotores clásicos.

Su construcción es extremadamente simple. Básicamente encontramos el cuerpo del carburador, cuba, flotador, aguja de cierre, chiclé, campana del acelerador y sistema de arranque en frío.

No existen complicados circuitos electrónicos ni sensores. Todo ocurre mediante aire, gasolina, presión y pequeños pasos calibrados.

Esta sencillez tiene una enorme ventaja para el aficionado: puede desmontarse y limpiarse prácticamente sobre una mesa de trabajo con herramientas básicas.

Un Vespino que lleva años parado puede presentar gasolina degradada, depósitos en la cuba o un chiclé parcialmente obstruido. En muchas ocasiones, desmontar el carburador, limpiarlo correctamente y revisar sus elementos devuelve al motor un funcionamiento sorprendentemente bueno.

El diámetro importa

Cuando hablamos de carburadores Dell’Orto para Vespino es frecuente encontrarnos números como 12/10, 12/12 o 12/14, entre otras configuraciones utilizadas o adaptadas a estos motores.

Estos números no son una simple referencia comercial. Nos hablan de las dimensiones internas del carburador y, por tanto, de su capacidad para alimentar al motor. Un carburador mayor puede permitir el paso de una cantidad superior de mezcla, pero eso no significa necesariamente que el motor vaya a funcionar mejor. Este es uno de los errores clásicos cuando se modifica un Vespino.

Montar un carburador de mayor diámetro solamente tiene sentido cuando el resto del motor puede aprovechar ese incremento de caudal: cilindro, admisión, escape y puesta a punto deben trabajar conjuntamente. En un motor completamente original, aumentar exageradamente el tamaño del carburador puede empeorar la respuesta a bajas revoluciones, aumentar el consumo e incluso dificultar la carburación.

El chiclé: pequeño pero fundamental

Dentro de estos carburadores existe una pieza diminuta que puede cambiar completamente el comportamiento del motor: el chiclé.

Su pequeño orificio calibrado determina la cantidad de combustible que pasa al circuito de alimentación. Un chiclé demasiado pequeño provoca una mezcla pobre, con exceso de aire respecto a la gasolina. El motor puede calentarse excesivamente y, en un dos tiempos, esto puede tener consecuencias especialmente graves.

Por el contrario, un chiclé excesivamente grande provoca una mezcla rica. El motor puede ahogarse, responder peor, consumir más combustible y ensuciar la bujía. Por eso, cuando se cambia el escape, el filtro, el cilindro o el propio carburador de un Vespino, comprobar la carburación es prácticamente obligatorio.

IRZ frente a Dell’Orto

Comparar ambos carburadores únicamente desde el punto de vista del rendimiento sería injusto. Pertenecen a momentos diferentes de la evolución del Vespino.

El IRZ representa los orígenes.

Es el carburador que encontramos asociado a las primeras generaciones y, actualmente, posee un indudable interés histórico para quienes buscan restauraciones fieles.

El Dell’Orto representa la evolución y la estandarización.

Es sencillo, fiable, fácil de mantener y dispone de una enorme cantidad de recambios y posibilidades de regulación. Además, durante décadas fue uno de los carburadores favoritos para preparar motores de ciclomotor.

Para una restauración completamente original de un Vespino antiguo, conservar su IRZ tiene todo el sentido.

Para utilizar habitualmente el ciclomotor o realizar determinadas preparaciones, la sencillez y disponibilidad de los Dell’Orto puede resultar especialmente atractiva.

El carburador y las preparaciones de Vespino

Existe además otra historia paralela: la de los Vespino modificados.Durante los años ochenta y noventa era difícil encontrar un grupo de adolescentes aficionados a los ciclomotores en el que no se hablara de cilindros, chiclés, escapes y carburadores.

El Dell’Orto se convirtió en uno de los grandes protagonistas de aquellas preparaciones. Cambiar el chiclé, modificar la admisión o instalar un carburador mayor eran algunas de las primeras operaciones que se realizaban cuando se buscaba obtener algo más de rendimiento.

Naturalmente, aquello también tenía su ciencia. Una buena preparación no consistía simplemente en colocar las piezas más grandes posibles. Un motor de dos tiempos necesita equilibrio entre admisión, carburación, distribución, escape y transmisión.Y un Vespino bien puesto a punto podía sorprender mucho más que otro cargado de modificaciones sin ajustar correctamente.

La importancia de conservar las piezas originales

Actualmente muchos Vespino han dejado de ser simples ciclomotores económicos para convertirse en auténticos clásicos. Esto ha cambiado también nuestra forma de ver sus componentes.

Un carburador IRZ que hace treinta años podía terminar olvidado en una caja después de instalar un Dell’Orto mayor es hoy una pieza interesante para devolver un Vespino de primera serie a su configuración original. Por eso mi recomendación cuando se restaura uno de estos ciclomotores es sencilla: no tirar nunca las piezas originales.

Aunque decidamos montar temporalmente otro carburador para utilizar la moto, merece la pena conservar el suyo.Quizá dentro de unos años queramos devolverla exactamente al estado en el que salió de MotoVespa.

De IRZ a Dell’Orto: parte de la historia del Vespino

La evolución de los carburadores del Vespino puede parecer un detalle menor dentro de su larga historia, pero refleja perfectamente cómo fue evolucionando el propio ciclomotor. Desde aquellos primeros IRZ españoles, sencillos y hoy cada vez más buscados, hasta los populares Dell’Orto de las generaciones posteriores, cada carburador pertenece a una determinada época del Vespino.

Son pequeñas piezas de aluminio y latón que durante décadas se encargaron de algo aparentemente muy sencillo: mezclar gasolina y aire.Pero quienes hemos desmontado alguna vez uno de estos pequeños motores sabemos que detrás de esa sencillez existe buena parte de la personalidad del Vespino.Porque un Vespino bien carburado tiene un sonido, una respuesta y hasta una forma de arrancar que inmediatamente nos transporta a otra época.Y quizás sea precisamente ahí donde reside gran parte del encanto de seguir conservándolos.

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